“El trabajo es la fuente de toda riqueza, afirman los especialistas en economía política. Lo es en efecto, a la par que la naturaleza, proveedora de los materiales que él convierte en riqueza, pero el trabajo es muchísimo más que eso. Es la condición básica y fundamental de toda la vida humana y lo es en tal grado que hasta cierto punto debemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre.” (F. ENGELS).
Los presos políticos, presos de conciencia, y prisioneros de guerra, hacemos llegar nuestro saludo fraternal, solidario y revolucionario a las organizaciones sociales que participan hoy en la gran movilización nacional, por el derecho al trabajo digno, a la vida, ala soberanía y en general para denunciar las políticas y parasitas de explotación y sometimiento de los pueblos por parte del imperialismo capitalista, reproducida por regimenes locales fieles a su doctrina.
Hemos querido participar con el siguiente articulo que tiene que ver con la realidad del trabajo al interior de la prisiones colombianas y que a modo de antitesis el trabajo de Engles: EL PEL DEL TRABAJOEN LA TRANSFORACION DEL MONO EN HOMBRE, le hemos titulado EL PÀPEL DE LA CARCEL EEL LA TRANSFORMACION DEL HOMBRE EN CERDO.
Hacia 1876, F. ENGELS escribió un artículo titulado: El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre; con este documento se demuestra la importancia del trabajo en la evolución humana, es decir que de no ser por éste quizás nunca hubiese alcanzado el desarrollo del cual hoy nos preciamos.
Apegándonos a la tesis anterior podemos también concluir, que cuando más trabajamos (desde luego guardando los intervalos necesarios de descanso) más evolucionamos pero cuando dejamos de hacerlo, estamos retrocediendo. Así como el trabajo nos hace avanzar, el ocio nos hace retroceder y ese papel involutivo, en gran medida lo esta cumpliendo la cárcel, por lo menos en Colombia donde el común denominador es la desocupación física e intelectual.
El estado Alemán, durante el gobierno Nazi, se invento los campos de concentración, donde los prisioneros fueron sometidos a trabajos forzados, bajo los cuales sucumbieron muchos de ellos. El estado Colombiano ha institucionalizado los depósitos o bodegas humanas, como lo calificó las naciones unidas , donde los presos se consumen en el ocio, el vicio y la degradación.
Si el trabajo transformó al mono en el hombre, la cárcel lo esta con convirtiendo en cerdo y no cualquier cerdo, sino nada más ni nada menos que de carácter doméstico, pues a la mayoría de los presos se les niega el derecho y se les exime del deber del trabajo para proveerse su propia alimentación.
El preso comúnmente permanece las 24 horas del día encerrado en espera de que suene un pito para recibir los alimentos, sin tener que hacer más que una fila por lo general desordenada. En algunas cárceles los presos ni siquiera tienen que lavar su loza.
El argumento jurídico es que el preso está bajo la tutela del Estado, que debe proporcionarle todo, incluida la comida.
El panorama de las cárceles es desolador y parece que Engels, estuviera describiendo a los presos Colombianos en las siguientes palabras: "Todos los monos antropomorfos que existen hoy día pueden permanecer en posición erecta y caminan habitualmente en actitud semierecta" .
Los prisioneros parecen ser los monos antropomorfos de que habla Engels, pues solo se levantan para casos extremadamente necesarios: Las contadas, las requisas, ir al baño y recibir los alimentos. Además como no hay mucho espacio a dónde mirar siempre se mantienen con la mirada baja y el cuerpo semiencorbado. Solo falta que apoyen sus manos en el piso para sus desplazamientos, que desde luego siempre son cortos, limitados y tediosos.
El ocio y el tedio conducen a la desesperación, angustia, ansiedad, depresión en que viven cotidianamente los presos, lo que conlleva a situaciones de violencia que como válvula de escape pretende canalizar la energía acumulada, degenerando además en el consumo de todo tipo de psicoactivos, que a su vez alimentan el ocio y el tedio, cerrando de esto manera el círculo literalmente vicioso.
A pesar de que la ley también contempla la obligatoriedad del trabajo como medio terapéutico , la realidad es que muy pocos prisioneros logran acceder a él por razones de disponibilidad de cupos, medidas de seguridad, etc .
"La mano les sirve para empuñar garrotes con los que se defienden sus enemigos", dice también Engels , cuando no son garrotes en el peor de los casos son cuchillos rústicos o cualquier otra clase de elemento que les sirve como arma o utensilios de trabajo. En la cárcel, una puntilla es un lujo; un martillo, un tesoro, por lo que cualquier cosa sirve para golpear y clavar. Los presos por lo tanto, han retrocedido a la edad de piedra.
No se diga de los avances de la tecnología, pues también están prohibidos los computadores los televisores y en muchos casos los aparatos receptores de radio; a duras penas existen los teléfonos: unos legales y otros clandestinos, como es el caso de los celulares que tienen los presos gracias a la corrupción de los mismos guardianes que los ingresan a cambio de dinero y luego los decomisan para seguir chantajeando al poseedor o para ganarse una felicitación en la hoja de vida y un permiso de 24 a 72 horas.
La política penitenciaria y las actuaciones arbitrarias de las directivas de las cárceles desafortunadamente han dado toda la importancia al aspecto de la seguridad sobre otros como la educación la formación y la información; de manera que una persona que permanezca algunos años en prisión al recobrar la libertad se sentirá precisamente como un antropoide frente a los desarrollos alcanzados por la sociedad que la aisló para defender de sus amenazas y para castigarlo por sus actos ilegales y antijurídicos.
Y ya que hablamos de castigo, vale la pena preguntarse: ¿Quién es el castigado, el delincuente o la sociedad que lo encarcela?, pues si el castigo consiste en confinarlo por años sometido a la desocupación, para algunos más que un castigo es una verdadera tortura porque como dice el comandante Ernesto Guevara "No hay peor sensación que sentir que se esta perdiendo el tiempo" pero si el castigo consiste en darle alimentación subsidiada por el estado sin otro objetivo que el de evitar que se muera de inanición, entonces la castigada vendría a ser la sociedad que paga impuestos sin saber qué parte de ellos no solo se destinan para la alimentación de estos cerdos humanos, sino para que los contratistas encargados de prestar este servicio se queden con una jugosa ganancia.
De esta manera miles de personas que estando libres tenían que cumplir con el mandato bíblico de ganarse el pan con el sudor de la frente , así fuera robando, pues en Colombia robar se ha convertido casi en una profesión, recalcado por San Pablo en su segunda carta a los Tesalonicenses , se ven al interior de la prisión limitados a esperar que se dé una señal para comer, al mejor estilo del cerdo doméstico que mientras se siente lleno, solo se preocupa por dormir pero cuando siente hambre se desespera y chilla y cuando reconoce o presiente la comida se atropella y no le importa incluso que la lavaza le chorreé la cabeza, lo que le importa es comer.
El caso de la cárcel La Picota de la ciudad de Bogota es patético, pues la comida se suministraba en un sitio donde había un corral de malla a donde se desplazaban los presos luego de que se les avisa la hora de comer mediante el sonido de un pito. El piso del corral permanecía lleno de comida que los mismos presos arrojan, pues la mayoría de lo que la cárcel les suministraba no les gusta; el olor era precisamente el de una porqueriza pues apenas si se le hacia lavado con agua, raramente con jabón y como hay lozas del piso desprendidas, el agua sucia se filtraba allí, incrementando el olor.
En ocasiones cuando sobraba comida, se llevaba a los patios o se depositaba en una olla al interior del corral ya mencionado y se veía cómo un buen número de presos se arrojaban como cerdos hambrientos y se untaban de comida en el afán por quedarse con una buena porción.
Hoy, se podría decir que se ha mejorado, pues el reparto de los alimentos se hace en los patios de manera un poco mas ordenada, pero aun así, los presos tienen que comer de pie o acurrucados en el piso, al lado de canecas de basura y en compañía de ratas y palomas que han llegado hacer adoptadas como mascotas.
El objetivo de la cárcel según lo contemple la ley es la de rehabilitar al delincuente; pero a pesar de muchas teorías, estudios y manuales lo cierto es que la prisión es una fábrica de zánganos y perfectos cerdos domésticos, sin derecho ni necesidad de trabajar.
Aun así en medio de tan desolador panorama, existe un número reducido de personas que se han propuesto casi como proyecto de vida no dejarse reducir a tan mínima expresión, dedicándose por tanto a algún tipo de ocupación, reconózcasele o no como redención de pena, varias de ellas de carácter clandestino como la reventa de comestibles, la elaboración de objetos artesanales al interior de los patios y hasta intentar mejorar la preparación y presentación de los alimentos mediante el uso de ingeniosos artilugios a guisa de fogones.
Si la sociedad, los políticos los especialistas en derecho y en general de todas las ciencias humanas y sociales, no cerraran los ojos ante la realidad, no estarían pidiendo a gritos ni por medio de referendos el aumento de las penas consistentes en encarcelamiento, si no en las de trabajo como medio de ganarse el pan, no solo para sí, sino para resarcir en algo a las víctimas por los daños causados.
Claro que para eso, el estado tendría que garantizar el pleno empleo para que por lo menos la pobreza no sea una de las disculpas para delinquir. De ser estrictamente necesaria la prisión, ésta debería ser una verdadera escuela laboral, donde el prisionero no solo tenga la oportunidad, sino la obligación de trabajar dignamente, a cambio de una justa remuneración, de donde pueda derivar su sustento diario, de manera que no solo pueda comer sino comer lo que quiera como un modo de respetarle cierto grado de libertad y no lo que un contratista tenga a bien suministrarle y como quiera suministrárselo.
Para el caso se acabaría con los contratistas de alimentación y se dotarían las prisiones de verdaderos restaurantes que a su vez serían fuentes de empleo, desde luego bajo la responsabilidad directa del INPEC, para no renovar los negocios de los particulares.
Es tiempo de que vayamos pensando en otras formas de castigo para quienes infrinjan la normatividad, que no sea simplemente el aislamiento prolongado; pero mientras llegamos a métodos más civilizados vayan estos pocos renglones como un llamado para que las cárceles dejen de ser exclusivamente sarcófagos de seres vivientes que se pudren ante la indiferencia de políticos, religiosos, filósofos y de la sociedad en general, exceptuando a algunos amigos y familiares cercanos que más por compasión, complejo de culpa y caridad cristiana que por conciencia social frecuentan las cárceles en un intento desesperado por aliviar de alguna manera el proceso de degradación que paulatinamente ocasiona la cárcel.
JAIRO ANTONIO FUENTES D.
PRESO POLÍTICO ENERO DE 2009
