CRISIS HUMANITARIA EN CARCEL LA POLA EN GUADUAS CUNDINAMARCA

La Campaña Traspasa los Muros RESPALDA LA DENUNCIA emitida por el Colectivo de Prisioneros Políticos en el Establecimiento Penitenciario La Pola de Guaduas (Cundinamarca) y ALERTA sobre la grave situación en materia de derechos humanos que padecen las personas privadas de la libertad en esa penitenciaria.

Nosotros, los prisioneros políticos, denunciamos ante la opinión pública las irregularidades y atropellos permanentes que la administración del establecimiento de reclusión denominado “E. P. la Pola de Guaduas Cundinamarca” viene cometiendo con la población carcelaria radicada allí.

En primer lugar, la infraestructura física, es decir, lo relacionado con las construcciones, tales como los patios y las áreas comunes, área de educativas, salones para las visitas, etc., son un verdadero monumento a la corrupción administrativa; un completo adefesio.

Los patios están diseñados en forma de cuña, anchos en la entrada y angostos al fondo. No tienen un espacio para caminar, ni una cancha de microfútbol. Los pisos no tienen los desniveles necesarios por lo que el agua se “empoceta”, además que solo hay tres sifones demasiado angostos. Las celdas no tienen ducha luego es preciso bañarse con el agua de un pequeño lavamanos y como no hay sifón, el agua se vierte sobre el patio. Están diseñadas para cuatro internos, pero en el patio dos, donde nos encontramos, hay cinco y hasta seis internos, es decir, uno o dos durmiendo en el piso. Así tenemos que un patio con 68 celdas, con capacidad para 272 internos, tiene hacinados un promedio de 330 internos. Las duchas del patio tampoco tienen sifones y el agua se vierte al patio. Por estas razones es que el patio permanece mojado todo el día. Solo hay cinco sanitarios y no hay orinales. Estos baños no tienen puerta, luego se está obligado a utilizarlos exhibiéndose públicamente. Tampoco tienen sifones y permanecen inundados. Los internos en general son desaseados y arrojan todo tipo de basura al piso, ni siquiera a las canecas. Los que descuentan en el aseo no barren ni recogen la basura con juicio, por eso estamos infestados de zancudos y mosquitos.

Dentro del patio no hay sillas ni mesas, por eso los internos, a pesar de la humedad, viven sentados o acostados en el piso. Donde también se come por qué no nos sacan a los comedores.

Estamos revueltos con paramilitares y delincuentes comunes de bandas llamadas “Valencianos, Sebastianes y Gaitanistas”, que viven en permanentes riñas mantienen afilando cuchillos todos los días. Las personas de 40 años son las que más sufren los abusos, los robos, los atracos, los insultos y las extorsiones de los miembros de esas bandas.

No hay servicio médico ni odontológico establecido y permanente, es solo ocasional. Los funcionarios no responden los derechos de petición, si lo hacen es después del tiempo que les da la ley y sus respuestas son evasivas, porque nunca dan soluciones de fondo. Ni el director, ni funcionario alguno concede entrevista personales, como normalmente sucede en otras cárceles y penitenciarias.

Las gran mayoría de los internos estamos ya clasificados en fase de mediana y mínima seguridad, sin embargo, estamos revueltos con internos que todavía están en fase de alta seguridad y como estamos en un patio de alta, pues el tratamiento es de alta para todo el mundo, con todas las restricciones y castigos propios de esta fase, porque son precisamente estos internos (los de fase alta) los que más generan violencia y tensión en el ambiente, propiciando los operativos y respuestas violentas y extremas de la guardia.

La ley lo contempla, concretamente el artículo 63 de la ley 65 del 93 o código penitenciario, habla de la necesidad de clasificar y separar a los internos, conforme a ciertas categorías. Pero aquí solo hay dos patios de alta seguridad, el dos, donde nos encontramos con el referido hacinamiento, y el uno, con apenas unos 100 a 120 internos, que se convirtió en una olla invisible con al menos dos muertos confirmados en cuatro meses.

Hay un patio de mínima (seguridad) con internos que ni siquiera tienen clasificación y otros – bien conocidos- cuya cartilla biográfica está llena de informes y sanciones graves.

Hay un calabozo o unidad de tratamiento especial (UTE) con internos que han vulnerado todo el régimen disciplinario y son de alta peligrosidad, pero que gozan de la confianza de algunos guardias, por lo que mantienen fuera de sus celdas, que son supuestamente de castigo, principalmente en sanidad, al acecho de sus enemigos, hurtando o dañando lo que no se alcanzan a robar.

Dicen los propios guardias y funcionarios que llegan hasta el patio, de vez en cuando, que hay por lo menso ocho patios listos para mediana, pero que no autorizan desde Bogotá el traslado, no se sabe por qué.

El día en que llegamos trasladados (11 de agosto de 2011), comenzó el calvario que ya creíamos haber superado años atrás. Apilados unos 300 internos en un pequeño salón de visitas, no probamos alimento en todo el día. Sobre las cinco de la tarde nos llevaron agua en una caneca, pero no nos dieron vasos, quienes por ventura portaban algún recipiente algo pudieron beber antes de que los gamines y delincuentes se abalanzaran sobre el barril.

Las maletas, o sea las bolsas que traíamos con algunos objetos personales, fueron arrumadas y dejadas a la intemperie a pesar de haber llovido toda la noche. No nos permitieron ingresar ni siquiera los útiles de aseo. Días después, por boca del propio teniente Millán, nos enteramos que las bolsas las habían llevado a un salón, dentro del patio de mediana, y que allí los internos las habían saqueado. Solo lograron responsabilizar a un interno, al que dicen que le encontraron 40 pares de zapatillas, de todas las marcas, nuevas y en buen estado. Un tal Néstor Araujo TD 340, alias “Laus”.

Por supuesto vinieron los reclamos, pero lo más grave del asunto es que no nos hicieron inventario, con lo que no solo violaron el artículo 60 de la ley 65/93 que exige expedir un recibo con los objetos incautados, para posteriormente recuperarlos. Por esto hay demandas y por lo menos una denuncia penal.

Son muchos los derechos de petición en que se ha solicitado a la dirección la reubicación de los internos según su fase de tratamiento. Igualmente la clasificación y separación por categorías, ya que esta es la raíz de la mala convivencia y los problemas cotidianos, sin embargo, ni se nos responde ni se realizan acciones que permitan suponer al menos la buena voluntad y el ánimo de colaborarle a la población carcelaria en sus justas demandas. El silencio, la indiferencia y la indolencia es total.

Por lo anteriormente descrito, queremos reafirmar que las causas por las que no hallamos recluidos, son totalmente distintas a las de los delincuentes comunes. Que nosotros no somos consumidores de sustancias sicotrópicas. Que no resolvemos nuestras contradicciones a punta de cuchillo. Que no atracamos ni robamos, ni atropellamos los derechos de otros internos.

No es una exageración cuando decimos que nuestras vidas están en peligro. Por eso exigimos que se apliquen los artículos de la norma penitenciaria, que garantizan la equidad de la justicia. Lo primero necesariamente es la clasificación y separación por categorías tales como prisioneros políticos de las diferentes categorías (prisioneros de guerra, de conciencia y victimas de montaje judicial), autodefensas y paramilitares, delincuentes comunes, etc.

Agradecemos altamente toda gestión que se pueda realizar en este sentido y que contribuya al alivio de nuestra penosa situación.