Queridos amigos, que se mantuvieron a mi lado con una fe inquebrantable en la libertad, en la dignidad para mi pueblo y en la solidaridad para con nuestros prisioner@s polític@s que languidecen en las mazmorras del régimen colombiano.
Queridas mujeres y hombres libres, jóvenes y mayores, gente corriente así como elites intelectuales de todas partes – me dirijo hoy a todos ustedes con una mezcla de esperanza y dolor por cada compañero que sufre por la crisis que atraviesa nuestro pueblo, por cada uno de los nuestros que ha sido asesinado, herido o encarcelado por el Estado terrorista que nos niega cualquier cosa bella en nuestras vidas, incluso la sonrisa de nuestros hijos y nuestras familias. Me dirijo a todos en esta carta, después de mi puesta en libertad –rogando que no sea la última después de que Dios me concedió libertad, más orgullo y muchísima dignidad.
Yo fui una “detenida de conciencia” en varias cárceles del país, durante trece meses, de los cuales fui trasladada arbitrariamente, amenazada de muerte y sufriendo siempre el señalamiento por parte de los funcionarios del INPEC mis carceleros.